Culpa de j(J)ulio
Ayer hablamos de lo importante que es jugar con la escritura. De los cronopios, los famas y se me olvidaron las otras, pero sé que son bobas. Ah, sí, las esperanzas.
Bueno, la esperanza es un poco boba. Qué buena palabra, boba. Me acuerdo de Messi diciendo “qué mirás, bobo” a no sé quién chucha. La memoria es frágil y solo guarda lo que le parece útil, así que no voy a acordarme ahora porque, lo que a mi cerebro le dio risa, fue la voz mejillona y de niño gordo del mejor del mundo (mejor sionista del mundo, pero ese es otro tema).
Lo que quería decir (en la novela de Ishiguro que me estoy leyendo ahora, muchos párrafos empiezan así. No sé si es la traducción o qué, pero no es repetitivo ni redundante. Tiene sentido, me parece, porque es en primera persona, así que tampoco es falta de edición. Bueno, pero qué chucha, CÓMO UN NOBEL VA A TENER POCA EDICIÓN, DIANA).
Qué asco mí paréntesis.
Tomo aire y un poco de Coca-cola.
Lo que quería decir, es que recordé que jugábamos. “Literalmente” al Nintendo y al Play y a cuándo me pasó su Nintendo que no es un Game Boy, sino que una consola per sé y que tiene un lápiz —me remito a lo de la memoria— y yo jugaba mucho una wea de concentración de Pokémon… pongo “literalmente” entre comillas vaya a saber John Travolta por qué, si lo que hacíamos cuando hablabamos estupideces también era un juego, LITERALMENTE Y SIN COMILLAS.
Punto. Esta entrada —este blog— es una playa de juegos gigante para mis letras, porque tanto evento y tanta edición y tanto “no abuses de los conectores” y tanta escaleta y tanto scrivener y tanto fanfic y tanta resolución me tienen un poco, solo un poco, agotada.
O quizá es la mudanza y la adopción y la falta de cortinas en la oficina y el juguetito ese para tener orgasmos. NO SÉ. Solo sé que, después de publicar esto, voy a dormir una siesta.
Salto de párrafo. Tres asteriscos.
Diana estaba harta de extrañarlo en formas aleatorias.¿Qué significaba eso? Que un día quería hablarle de una resolución judicial que le tenía bastante orgullosa, que otros momentos quería sentarse a su lado a ver la vida pasar y que a veces quería que se lo metiera toda una tarde.
Por supuesto que eso tendría cansada hasta a la mismísima Penélope (Diana había visto La Odisea de Nolan y le había gustado bastante, contra todos sus mejores instintos). Pensaba que hacer un duelo por tanto tiempo era difícil, complicado y anormal. ¿Quién mierda empieza a extrañar a alguien tres años después? Pues ella. Quizás porque no era necesariamente lo que diríamos normal, normal, de esa normalidad que salta de relación en relación y que tinder es su aplicación de cabecera, no, Diana era una rara de mierda que aceptó su demisexualidad muy tarde y que vio a un pésimo psiquiatra mucho tiempo. Que haya estado de esa forma, ese mes de julio, llorando y anhelando y comiendo mucha frambuesa, para llorar y anhelar de nuevo, escuchando depeche mode, no es de extrañar.
Acá no debería terminar el párrafo, porque se siente anticlimático, pero tengo sueño. Estoy igual de cansada que Diana, por las mismas razones.
Es todo tu culpa, Julio.
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