últimamente siento que necesito escribir casi tanto como respirar.

—Empezamos mal —dijo la Mary, con su voz melódica y entonada—. El adverbio no es necesario y la comparación es un lugar común. Te faltaron las mayúsculas. Además, sabes que mi voz es melódica. No abuses de los adjetivos. Menos es más.

—Pero Mary, es un blog, no mi novela. Nadie va a leer esto, además. 

—Ah, pero si tú escribes para que te lean. Discutimos hace como un mes acerca de cómo la literatura es una de las expresiones artísticas que necesita de la vinculación de otrxs para consumarse.

Pina asintió y luego bebió un poco de café.

—Bueno, alguien habrá. De hecho, me encantaría que así fuera. Pero es alguien especial. Te aseguro que esa persona no se va a preocupar de que abuse de adverbios o adjetivos, sino más bien de que mi ortografía sea impecable.

—¿Cómo sabes? —preguntó Mary, mirándola con una sonrisa traviesa.

Pina cerró los ojos unos momentos. El dormir mal le había podrido un poco el cerebro. Pensó, mientras lo escribía, que no estaba ni ahí con corregir este texto, porque solo es un poco de verborrea que tiene que dejar salir. Se dio cuenta enseguida de que había repetido "un poco", pero no lo borró. Solo suspiró. 

—El propósito de esto es conectar. Si quiere. Sé que me volví un poco loca. Pero extraño hablarle.

—¿Por qué no lo haces? Tienes su número.

—Porque él no quiere conectar conmigo.

—¿Cómo sabes?

La inquietud de ese tema en particular se apoderó de Pina. Torció la boca y murmuró algo del estilo "porque las cagué y además me lo dijo", pero no quiso formar las palabras de manera correcta. Todavía le costaba hablar de eso. De cómo lo maltrató. De cómo se confió en habilidades que ni siquiera tenía. De cómo lo desechó, como si fuera alguien fácil de encontrar.

De cómo fue una conchadesumadre.

Miró la hora en la esquina superior de su laptop...

—Innecesario, sabemos que está en un computador —interrumpió Mary.

....MIRÓ LA HROA EN LA ESQUINA SUPERIOR DE SU LAPTOP y se dio cuenta de que ya tenía que er a Rubén.

***

"Vaya, qué importante es hablar con alguien que te guía", pensó Pina, al terminar su sesión. Se dio cuenta, mientras escuchaba a las gaviotas gritar, que ya no necesitaba tanto esto. Que la atención que su alma clamaba era la suya, no la de otras personas, y de que tenía que empezar a mirar dentro de ella.

—Difícil quest —murmuró, mientras se sacaba los audífonos. 

Enseguida, pensó en Yoda, en Luke, en Itadori, en Pun Pun. No tienen tanto en común, pero son personajes de los que ha sacado distintas enseñanzas. La disciplina, la resiliencia, la bondad, la dualidad. Una pequeña sonrisa y la decisión de ir a desayunar donde sus padres. 

—Pero se logra. Se logra. Y de paso, podría intentar darme vuelta el Cuphead algún día —añadió, riéndose.

Miró por la ventana. Le gustaba la vista, pero se vendrìa una mejor. Desde un piso más alto, con más perspectiva. Más cariño, también. Y menos frío.

Se paró, se puso sus buzos gigantes y se lavó la cara. Su reflejo le dio risa. Las primeras arrugas de una casi cuarentona. Sintió ganas de comentárselo, pero, como lo ha hecho desde esa vez, se lo guardó en el bolsillo de cosas que le gustaría decirle.

"Espero que sigas escribiendo, pajarito", pensó, justo antes de publicar esto sin corregirle nada.

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