El mosaico es también un tablero de ajedrez
Esa noche, Diana salió de la casa con tres certezas: uno, Jerome iba a contagiarle el resfriado; dos, esa menstruación se estaba saliendo de control; tres, la espiritualidad le era importante. Lo de Jerome no podía ser más obvio. El pibe estuvo tosiendo todo el rato que estuvo a su lado y, dado que el temita empezó tipo 19:23 y que terminó más o menos a las 21:12, no fue poco. De hecho, hacia el final, cuando ya estaban concluyendo que era importante pedir los porfavores y dar las gracias, Diana también empezó a toser. —Tenemos un concierto —le dijo Jerome, con esa sonrisa coqueta que siempre termina enmarcando el lunar debajo de su ojo. Diana solo rio. No había mucho más qué hacer. En ese sentido, las cartas ya estaban echadas. Lo del útero se le hacía más complicado. Llevaba un tiempo así, con intermitencias. De hecho, a medida que escribía esto, se dio cuenta de que eran quizá un par de años. “Debería pedir hora con la ginecóloga”, pensó, mientras se mordía el labio, tensa. Pe...