Dos, tres, cuatro

Quiero dejar de sentirme así. Ya no tengo nada que decir, todo salió, pero aún me encuentro pensando que existen las brujas y los pactos con el ese.
No me gustaba pelar. Lo hacía porque quería agradar, me salían observaciones divertidas que podían ser muy crueles. Cuando pensaba en ello, digo, cuando realmente pensaba en ello, me sentía asquerosa. Como ahora cuando recuerdo todo eso que dije e hice.
 Pero por otro lado, perdoné a una persona que abusó de mi confianza hasta lo indecible y ¿no puedo perdonarme? Ya basta, Pina. Basta. Cumplió su cometido la culpa, ah, la bendita y católica culpa. La tomaste, la acariciaste, creciste y la dejaste ir. Pero vuelve la muy maldita, se materializa en dolores corporales, se transforma en sangre dentro de tu boca y se lleva partes de tu cabeza. No está bien. 



Aló, novecientosonce, ayúdeme que quiero concentrarme y trabajar para comprarme mangas. Cuénteme que le pasa. Ah pues estoy harta de acordarme de una pelea que tuve allá como en marzo. Ah, bueno, tómese un batido de pisco sour con dos de eszopiclona y linaza. ¿Eso me va a ayudar? Sí, a dormir, para que mañana pueda concentrarse y deje de pensar en wevadas, a nadie más le importa esa discusión. Es Ud. una persona mala onda, operador del novecientosonce. Bueno, no existo, cuestiónate por qué te tratas mal hasta por un teléfono imaginario. Ah no, qué lata, ya entendí. ¿Qué entendió? Que ya fue la wea. 

*

Sé que tenías razón, pero también te equivocaste. Y sigues equivocándote, porque la perfección no existe y todo lo que entra tiene que salir. O se queda dentro y se transforma en una masa negra, oleosa, vida que se alimenta de otra vida; un cáncer. Espero que puedas sacarte la daga antes de que eso suceda. 
Espero que te encuentres a ti misma. 

*

El vela va a cocinarme papas fritas porque me quiere mucho.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ce ele o ene a

Dos

Uno