Así que así pasas tus días. Me contaron. Lamentando, pasándolo mal. Imaginando situaciones en las que puedes escupirle, pegarle, demostrarle lo tonta que es. No hay forma de que eso pase, lo sabes, porque sabes guardar la compostura tal señora de abolengo santiaguino. Sin embargo, te gustaría, oh cómo te gustaría pequeña, porque han herido tus sentimientos y eso no puede ser, no! ¿Una persona de tu calibre? ¿Una mujer profesional? ¡¿Una mujer feminista?! No, es que no. Su victimismo fue más allá de lo permitido, traspasó tus límites. No puedes permitirlo, porque no puedes parecer una mujer débil. Hoy en día es importante mantener una actitud pasiva, pero muy agresiva, de importancia. Que se sepa que te quieres, que no tienes problemas de autoestima. Que se sepa que tú estás por sobre la misoginia internalizada, tú estás completamente de-cons-trui-da. Tú pasas el examen del feministometro que las activistas no paran de aplicar. Tú tienes un certificado de una prestigiosa universidad que...