Quiero dejar de sentirme así. Ya no tengo nada que decir, todo salió, pero aún me encuentro pensando que existen las brujas y los pactos con el ese. No me gustaba pelar. Lo hacía porque quería agradar, me salían observaciones divertidas que podían ser muy crueles. Cuando pensaba en ello, digo, cuando realmente pensaba en ello, me sentía asquerosa. Como ahora cuando recuerdo todo eso que dije e hice. Pero por otro lado, perdoné a una persona que abusó de mi confianza hasta lo indecible y ¿no puedo perdonarme? Ya basta, Pina. Basta. Cumplió su cometido la culpa, ah, la bendita y católica culpa. La tomaste, la acariciaste, creciste y la dejaste ir. Pero vuelve la muy maldita, se materializa en dolores corporales, se transforma en sangre dentro de tu boca y se lleva partes de tu cabeza. No está bien. Aló, novecientosonce, ayúdeme que quiero concentrarme y trabajar para comprarme mangas. Cuénteme que le pasa. Ah pues estoy harta de acordarme de una pelea que tuve allá...