Uno
Siempre que salgo del baño de noche, y estoy en calzones y parte de arriba de pijama que me llega hasta la mitad del culo, digamos, qué sé yo, algo que podría resultar sexy bajo ciertos contextos, pienso que va a agarrarme un gallo con una máscara y me va a poner un cuchillo en la garganta. Y digo en mi cabeza “oh”, pero un oh ahogado, como tapándome los labios con la mano derecha, lo cual no tiene ningún sentido porque el asesino (pongámosle que es un asesino, qué tanto) también me tapó la boca. De hecho, lo hizo antes de que yo pudiera decir nada. Tiene guantes de cuero que huelen a cadáver procesado y pintura al óleo. Ah, el asesino en serie (ahora es en serie porque supimos que antes mató a la vieja alemana de la esquina) pinta. O vive con alguien que pinta. O se dedica a limpiarle los pinceles a un pintor. Digamos que es UN pintor, porque es hombre y le crió. Le metió la misoginia desde chico, con cuadros de Gauguin y una excesiva admiración por las esculturas griegas (lo que pasa...